Para no dejar andando
las cuerdas, sin olvido,
yo me prendo del auxilio
austero, de quién mas amo,
pues su honra lo delata,
y su cuchillo no tiene filo.

Sin embargo, el que está prendido
de los huesos y un cigarro,
no tiene pies ni andamios,
no tienen nidos ni huellas,
pues tan grande su sospecha
ya no le quedan engaños.

Te llevan al matadero, derecho,
te llevan de cuclillas y descalzo.
Te llevan prendiendo el fuego
de tu conciencia, de tu pasado.
Ya nadie sabe los límites andados,
no encuentran ni techo, ni espada
ni argumentos, ni palabras,
todos estamos mudos.
Nos robaron la memoria
y nos llenaron de escuelas.
Hoy ya no tengo libre conciencia,
solo pan y trabajo en migajas.