De todo para evadirme,
para no pensar en mis dos consuelos,
y que no quiero ver las cosas
que dejan los corazones solitarios.

De todo para nutrirme de angustia,
de flores pasajeras,
y ahuyentar el peligro
de quienes aman y se van.

De todo para cubrirme,
y dejar de lado el cenicero.
Hay tan solo un consuelo,
y está tan lejos, enterrado.

Más varía tu mano en la mia,
más me llamas, más te pego
más me mientes, más te miro
más me buscas, más me pierdo.

De todo para alejarme,
para dejar confusa la fina trama,
y no asumir los riesgos
que me demanda la presencia.

De todo para no darme cuenta,
porque he venido hasta aquí,
y reparar que en verdad
estoy llena de miedos,
y que al no poder controlarlos
me escondo detras de ti.
Como niño que no entiende,
y llora por sus razones,
cuán vanos corazones
nunca lograrán entender,
que me alimento de estaciones,
y logro controlar el espacio,
el pequeño espacio de mis lazos.

Tan grande es mi dolor, tan grande es lo que amo.