De qué me sirve sentarme... y leerte,
cuando el mundo lleva consigo su sintonía intacta...
De qué me sirve esperarte,
si al buscarte me lleno de más agujeros.

De qué me sirve imaginarte...
no tengo arenas en los dedos,
ni océano en mis manos....
De qué me sirve perseguirte,
cuando al dar dos pasos ya me pierdo...

De qué me sirve arriesgarme,
cuando todas las almas sucumben...
de que me sirve andarte,
en puntas de pie y descalza...

Estas en mi memoria...
los sueños no dejan avanzarte,
me quedo en la nada,
procuro evadirte,
en mis tantos miedos...

De qué me sirve morirme,
sin haber ejercido mi derecho,
sin haber tejido mi historia,
sin haber hallado el motivo...

Suspendida en mi atmósfera te he buscado,
vi tus ojos, me lastimé...
caí dormida, seguí tus pasos,
me encuentro perdida,
con temor a encontrate.